La transformada de Laplace fue nuestra herramienta para analizar sistemas LTI en tiempo continuo: convertía ecuaciones diferenciales en álgebra sobre la variable compleja s. Cuando el sistema es discreto —trabaja con muestras x[n] en lugar de una señal continua x(t)— el papel de Laplace lo asume la transformada Z, que convierte ecuaciones en diferencias en álgebra sobre una nueva variable compleja z.
La transformada Z bilateral de una secuencia x[n] se define como:
X(z)=∑n=−∞∞x[n]z−n
donde z=rejω es un número complejo. Como se trata de una serie infinita, solo converge para ciertos valores de z: ese conjunto se llama región de convergencia (ROC) y es tan importante como la propia expresión algebraica, porque dos secuencias distintas pueden compartir la misma X(z) y diferenciarse solo en su ROC.
El puente con Laplace
La relación entre ambas transformadas no es casual. Si muestreamos una señal continua cada T segundos, la variable de Laplace s=σ+jω y la variable Z se conectan por:
z=esT=eσTejωT
De aquí sale un diccionario geométrico entre el plano s y el plano z. El módulo es ∣z∣=eσT y la fase es ∠z=ωT. Por tanto:
El eje imaginario del plano s (σ=0) se mapea a la circunferencia unidad∣z∣=1: es donde vive la respuesta en frecuencia.
El semiplano izquierdo (σ<0, sistemas estables en continuo) se mapea al interior de la circunferencia unidad (∣z∣<1).
El semiplano derecho (σ>0) se mapea al exterior (∣z∣>1).
La consecuencia práctica es la regla de estabilidad discreta: un sistema LTI causal es estable si y solo si todos los polos de su función de transferencia H(z) quedan dentro de la circunferencia unidad. Es el análogo exacto de "todos los polos en el semiplano izquierdo" que usábamos con Laplace.
Un ejemplo resuelto
Considera la secuencia exponencial causal x[n]=anu[n], donde u[n] es el escalón unitario (vale 1 para n≥0 y 0 antes). Su transformada Z es una serie geométrica:
La serie geométrica converge solo cuando ∣az−1∣<1, es decir ∣z∣>∣a∣: esa es la ROC, el exterior de un círculo de radio ∣a∣. Hay un único polo en z=a y un cero en z=0.
Tomemos a=0.5. El polo cae en z=0.5, dentro de la circunferencia unidad, así que el sistema es estable. Podemos leer directamente su respuesta en frecuencia evaluando X(z) sobre la circunferencia unidad, z=ejω. En continua (ω=0, es decir z=1):
X(1)=1−0.51=2
Y en la frecuencia máxima discreta (ω=π, es decir z=−1):
X(−1)=1+0.51=1.51≈0.667
El sistema deja pasar más las frecuencias bajas (ganancia 2) que las altas (ganancia 0.667): es un filtro paso bajo, coherente con el hecho de que una exponencial decreciente promedia y suaviza la entrada. Si en cambio tomáramos a=1.2, el polo en z=1.2 quedaría fuera de la circunferencia unidad y el sistema sería inestable.
De la ecuación en diferencias a H(z)
La utilidad final de la transformada Z es la misma que la de Laplace: convierte una ecuación en diferencias en una función de transferencia racional. Usando la propiedad de desplazamiento, Z{x[n−k]}=z−kX(z), una ecuación como y[n]=x[n]+0.5y[n−1] se transforma en Y(z)=X(z)+0.5z−1Y(z), de donde:
H(z)=X(z)Y(z)=1−0.5z−11=z−0.5z
Los polos y ceros de esa fracción lo dicen todo sobre el comportamiento del sistema, exactamente como en el mundo continuo. Repasa las ideas clave con estas tarjetas:
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En el laboratorio De Laplace al plano z podrás arrastrar polos y ceros sobre el plano complejo y ver en tiempo real cómo cambia la respuesta en frecuencia y la estabilidad del sistema: cruza un polo hacia fuera de la circunferencia unidad y observa cómo la respuesta al impulso pasa de decaer a crecer sin límite.
Laboratorio: De Laplace al plano z: polos, ceros y estabilidad